Al salir de la ducha…

… a Áfri la dio un mareo… o bueno, eso fue lo que le dijimos a la enana cuando, por arte de magia, apareció en la puerta de nuestra habitación preguntándonos que hacíamos metidos en la cama tapados hasta el cuello, casi cortándonos la respiración. Y es que, aunque tengamos un pestillo (Bendito seas!), el otro día se nos pasó ponerle y casi la liamos parda, pillándonos en plena faena.

Y menuda faena! ella recién salida de la ducha, con el pelo totalmente húmedo y una toalla rosita cubriéndola el cuerpo. Lo siento, soy débil, y a estas cosas no me resisto. Fue verla y se me empezaron a ocurrir mil cosas que hacerle, mil posiciones de mis manos sobre su cuerpo, mil besos por su cuello, mil susurros al oido. Mis ojos se cruzaron con los suyos, y una sonrisa cómplice bastó para que se me nublase la mente. 

Recuerdo que me situé detrás de ella, envolviéndola con mis brazos, y la besé suavemente la nuca. Dejó caer hacia atrás su cabeza, y con una de mis manos la agarré con firmeza el cuello, mientras mi otra mano no quiso evitar sentir como se erizaba uno de sus pezones. Me situé frente a ella, retándola con la mirada, y suavemente fui besándola los labios… el cuello… el pecho… estrujé sus tetas entre sí, bien fuerte, y la lancé contra la cama.

Recostado sobre ella, empecé a acariciar su clítoris con mis dedos, empezando a gemir poco a poco más intensamente. Nos tapamos con las sábanas, a lo que ella aprovechó para cogerme la polla y empezar a masturbarme. Me la agarró bien fuerte, mientras con la otra mano me empezó a estrujar también los huevos… ¡dios!

Áfri se metió entre las sábanas, y empezó a comérmela… a lamerla de abajo a arriba. Noté como su saliva caía lentamente por mi polla, pero ella no la desperdició, volviéndosela a meter una y otra vez en la boca. Situó sus labios en la punta, me la agarró con fuerza con la mano y empezó a moverla de arriba a abajo a toda velocidad, con tal fuerza que hacía que la sintiese como latía.

Fue inevitable pedirla que parase, quería seguir disfrutando, no quería acabar en ese momento. Entonces volví a coger las riendas y metí dos de mis dedos dentro de ella. No os imagináis como estaba aquello, mi mano acabó empapada de sus fluidos con solo dos embestidas.

Áfri decidió que ya era hora de que yo me corriese. Tal y como estaba no sería muy complicado. Fue tomar mi polla de nuevo en su mano, con la otra empezar a cogerme de los huevos, apretar fuerte y empezar a moverla de arriba a abajo. Acabé en ese mismo momento. Pero aún quedaba ella.

La tomé del cuello, con la otra mano empecé a tocarla el clítoris, muuuuuy suavemente. Aquello no paraba de lubricarse, llegando a empapar la sábana bajera. Poco a poco empecé a subir de intensidad, haciendo movimientos cortos, pero rápidos, y cada vez le costaba más esconder sus gemidos.

Empezó a pedirme que parara, no quería irse aún, pero la gusta que sea yo quién decida cuando debe irse. Entramos en el juego de parar al límite antes de llegar al orgasmo. Ella estaba pidiéndome que la dejara irse, y yo lo iba a hacer, lo juro, pero justo en ese momento, en ese preciso momento en el que empezaba con el gemido que indicaba que estaba llegando a su límite… lo que realmente escuché fue un:

– hola mami!!, ¿qué haces dentro de las sábanas?
– no pasa nada cariño, acabo de salir de la ducha y estoy un poco mareada
– ¿y papá porqué también está dentro?
– me está cuidando, ya sabes que cuando estamos malitos, debemos cuidarnos mutuamente.

Benditos angelitos…