Y Afri cambió

¿Puede uno cambiar a los 38? Claro que se puede. La vida es constante evolución. Naces, creces, te dicen que deben gustarte los chicos, conoces a uno, te enamoras, follas con él, te casas, tienes una hija, empiezas a acostarte con otros hombres, ves a tu marido acostarse con otros hombres, te acuestas con otras parejas… Si esto no es evolución… Que venga Darwin y lo vea.

En fin, que me enrollo y se que vosotros habéis venido por el relato. Que picarones que sois 😜

Pues resulta que hace unos meses conocimos a una chica. Si, una chica. Y si, bisexual. Y si, a Afri la molaba un huevo.

La llamaremos Andrea. Para que pongáis una imagen en vuestra pervertida mente, ella medirá 1,68 más o menos, pelo corto y rizado. Negro como el azabache. Sus ojos eran marrones, pero de un marrón intenso. Una mujer con unas curvas muy definidas. Pechos grandes, y un culo donde poder perderse en él todo el día. Su tez era blanca, fina y suave. Con piercing en la lengua y dos aros en la oreja izquierda.

A Andrea la conocimos por una app de citas, como está de moda ahora. Comenzamos a charlar y vimos que buscábamos cosas similares así que decidimos conocernos. Habíamos quedado para pasar el día en la playa. Tarde, eso si. Salía de trabajar a las 6 de una pequeña oficina de Torrelavega. Quedamos en la fuente de agua que hay a la entrada de la playa de Liencres. Venía con un bañador negro y su pareo verde lima. Al hombro un bolso gigante con el dibujo de una sandía. Al saludarnos, nos dio dos besos a cada uno. Que rico olía! Olía a crema de sol. Me encanta ese olor. Huele a verano. Nosotros no conocemos bien el lugar, así que la seguimos hasta una zona de dunas.

No andamos muy lejos hasta el lugar donde plantamos todos los bártulos. Afri y Andrea se sentaron juntas, porque si, llevamos sillas a la playa, somos personas mayores ya, y yo al lado de Afri. Afri sacó su crema solar y al pedirme que se lo diera, Andrea rápidamente la cortó y la pidió si se lo podía dar ella. Decía que la gustaba el olor de la crema.

Andrea cogió el bote de crema y echó un buen chorretón sobre los hombros de Afri. Fue extendiendoselo por toda la espalda, brazos… clavículas… pecho… y apartándola ligeramente los tirantes del bañador, para poder acceder mejor a la zona del escote, fue recorriendo con sus manos los pechos de Afri con movimientos muy suaves, livianos, rozando de vez en cuando con su dedo meñique sus pezones, mientras le dedicaba a Afri una sonrisa pícara.

Tras esta increíble y morbosa escena, y para mí sorpresa, Andrea volvió a coger el bote de crema, y se dirigió a mí:

— Luis, me echas un poco de crema en las piernas, porfa?

Me sorprendió. Pensé que estaría más interesada en que lo hicieran las manos de Afri.

— Claro. Respondí.

La eché la crema en las piernas y se lo fui extendiendo por los muslos, las rodillas… los gemelos e incluso por los pies.

— Oye, te importa darme un poco más por la zona interna de los muslos? Siempre me quemo ahí. Me dijo.

Afri se reía de verme la cara de sorpresa. Por esa picardía que desbordaba Andrea.

Sin articular palabras, pero ya despertando del shock inicial, me unto más crema en las manos y empiezo a echarse la desde la parte interior de la rodilla, deslizando las manos cada vez más y más arriba. Al llegar a la ingle, me atrevo a acariciar su coño a través del bañador.

— Creo que te has perdido, eso no es el interior de los muslos.

Dice Andrea, con una media sonrisa dibujada en la cara.

— Déjame la mano, que te ayudo a buscar mejor.

Con una de sus manos veo que se aparta la zona baja de su bañador, y con la otra coge mi mano y se la lleva a su coño totalmente despejado y accesible. Entre mis yemas de los dedos noto cada vez más su humedad hasta que un gemido de placer sale de su boca, llevando su cabeza al cielo.

Afri vio su oportunidad. Se acercó a Andrea y empezó a besarle y morderle ese cuello que había quedado al descubierto. Su lengua recorría su oreja, la nuca, y Andrea se retorcía y gemía de placer.

— Afri, quiero ver cómo se la comes a tu marido.

Dijo Andrea, mientras nos separaba de ella drásticamente.

Andrea me bajó el bañador. Mi erección era más que obvia. Me cogió la polla con una mano, y mientras me masturbaba, con la otra ayudaba a Afri a acercarse hasta mi. Afri, a cuatro patas, empezó a comérmela increíble.

Mientras Afri estaba entretenida conmigo, Andrea se centró en apartar el bañador de Afri y empezó a estimularla el clítoris. Entre los lametones de Afri, y el chasqueo de la humedad que provocaba Andrea en Afri con sus manos estaba que no podía más.

Afri, cada vez gemía más y más. Sus mejillas estaban cada vez más y más rojas. Andrea la manejaba como quería. Dos dedos dentro de ella, tres… Hasta que Afri explotó llenando toda la toalla de fluidos y retorciéndose y gimiendo de puro placer.

En ese momento Andrea apartó a Afri de mí. La cogió de la barbilla con sus dedos y la alzó la cara para plantarle un beso en la boca. Un beso húmedo, de los que escuchas las lenguas rozarse y jugar entre ellas. Mi cara era un poema, era la primera vez que Afri besaba a una mujer.

Afri apartó a Andrea. Con una sonrisa pícara dibujada en su boca, y aún resoplando del placer que la acababan de proporcionar. Afri me miró, me tiro en la arena, y le susurró algo al oído de Andrea. Ésta giró su cabeza a mirarme y me dedicó una sonrisa mientras se quitaba completamente el bañador.

Andrea se levantó y fue directa hacia mi. Totalmente levantada, y yo tumbado, situó su coño sobre mi cara y se sentó sobre mi. Empecé a lamerselo muy despacio, jugando mi lengua con la entrada de su vagina. Luego ésta recorrió tooodos sus labios interiores hasta llegar y descubrir su clítoris. Dio un pequeño respingo, y soltando un gemido que raro fue que no lo escucharán en otra parte de la playa. Con una de sus manos me agarraba del pelo, y con la otra se apoyaba en la arena para no perder el equilibrio.

Aprovechándose de la situación, pude ver cómo Afri se situaba frente a Andrea y la empezó a besar intensamente aprovechándose que no podía apartar sus manos para no perder el equilibrio. Tras unos minutos de besos húmedos y que una lengua no parase de jugar con cada rincón de su coño, Andrea explotó sobre mi cara, llenándomela completamente de sus fluidos. Fluidos que caían lentamente por la comisura de mi boca y estaban desbordando sobre mi cuello y pecho. La tuvimos que sujetar entre Afri y yo para que no se cayera al suelo por los espasmos que recorrieron su cuerpo.

Una vez recuperada, tras unos minutos de apaciguamiento, Andrea susurró algo a Afri.

— Es tooooodo tuyo

Dijo Afri en voz alta. Un pequeño escalofrío recorrió mi espalda.

Andrea me sentó en la silla y empezó a hacerme una mamada. Me agarró los huevos con una de sus manos y no paraba de jugar con ellos mientras sentía como introducía mi polla hasta la campanilla. Estaba a mil después de todo lo vivido ese día. No pude aguantar mucho más.

— Andrea, me voy a ir. No aguanto más.

Y lejos de apartarse, Andrea alzó su mirada, cruzándose con la mía, y en ese momento dibujó una sonrisa en sus ojos que provocó que no pudiera contenerme más. Exploté dentro de su boca. Ella seguía y seguía comiéndomela. A pesar de haberlo echado todo de mi ella seguía exprimiendola más y más hasta acabar totalmente exhausto.

Andrea se incorporó, giró la cabeza buscando la mirada cómplice de Afri, se volvió a mirarme a mí, y me plantó un beso en la boca.

Aún con la sorpresa de todas las nuevas experiencias vividas en el cuerpo, y ya completamente vestidos de nuevo por todo lo que pueden vestir unos bañadores, nos acercamos los 3 a darnos un chapuzón en aguas del Cantábrico para rebajar el calentón.

La astronauta, el duende, la osa y el Playmobil

Y con este título sería lógico y normal pensar «que cojones me va a contar este» con cierto sentido, y no os quito la razón, yo pensaría lo mismo, pero os aseguro que hay un sentido, y una historia detrás.

Y… ¿Como empieza una historia cuyos protagonistas son los que menciono en el título? Pues como muchas de nuestras historias; en una página de contactos.

Hace poco leí por «X» una publicación de alguien que no recuerdo, que hacía una lista con apps para citas y las valoraba. Algunas ya las había usado… Y meh… pero había una que no había escuchado nunca, me animé, la descargué, hice un perfil y me puse a investigar. El sistema era sencillo: app tipo Tinder que vas pasando perfiles y si ambos perfiles hacen match, puedes empezar a hablar. Al ir según la ubicación, al poco me apareció un perfil que me llamó la atención. Perfil de pareja de nuestra edad, de cerquita nuestra, una descripción que encajaba con nosotros… Pero la foto era falsa. Se notaba que era de catálogo. Y estuve tentado inicialmente en rechazarlos pero me dije… Vamos a darle a este perfil una oportunidad y ahí que le di al corazoncito. No recuerdo ahora quién le dió primero, si ellos o nosotros, pero bueno, eso es lo de menos. La cuestión es que pronto empezamos a hablar.

Eran conversaciones amenas y preguntas típicas para conocernos más, y sobre nuestros gustos y preferencias. Y el misterio de la foto falsa se desvaneció pronto; era una pareja relativamente nueva, de muy cerca nuestro, y querían toda la discreción posible. Entendible. Pasaron un par de días y decidimos que podría ser buena idea conocernos en persona, charlar, compartir experiencias y quitar miedos e inseguridades.

Y… Llegó el día. Quedamos en un bar a tomar algo. Nosotros llegamos primero y nos sentamos en la terraza. Esperamos unos minutos y ahí aparecieron la astronauta y el duende (les voy a llamar así todo el tiempo, más adelante lo entenderéis). El duende era un chico joven, delgado y más o menos de mi estatura. La astronauta era una mujer jovencita, bajita, que lo primero que me llamó la atención fueron sus ojos de gata y su pelo largo y rizado. Nos miramos los 4 como diciendo… «Sois vosotros?» Hasta que la dije… «Si, puede que seamos nosotros», nos reímos y tras los besos y presentaciones de cortesía, se sentaron en la mesa con nosotros.

Estuvimos hora y media o dos horas charlando sin parar. Se nos fue el tiempo volando. Una charla amena que desembocó en un… «Os apetece veniros a nuestra casa?» – dije. Y aceptaron.

Ya en casa pedimos algo de cenar y durante la cena les enseñamos un juego de mesa. Pero… Un juego de mesa de estos…. Para entrar en calor… ¿Me entendéis, verdad? Al terminar de cenar, recogimos todo y lo puse sobre las mesa. El juego es similar a La Oca, pero con un toque picantito. Llega el turno de escoger las figuras que estarán en el tablero escogiendo las pruebas a realizar: Afri escogió la figurita de un osito, la chica de la otra pareja un astronauta, el chico una figurita que parecía un pequeño duende de color verde, y yo un Playmobil con la peluca rubia.

Y empieza la partida… La osito lanza primero… Y le toca prenda. Se quita la camisa que llevaba, dejando al descubierto un sujetador rosa chillón. Es el turno de la astronauta… Y también le toca prenda. Decide igualarse con la osito, y descubrir un sujetador de color celeste.  El duende cae en una casilla interesante «Muerde eróticamente el cuello a quien quieras», y sabiamente elige hacérselo a su pareja. El juego va subiendo de temperatura después de caer en casillas como «todos os quedáis desnudos» … «Acaricia una polla por encima de la ropa interior» … «Todos os masturbais durante 15 segundos» o… «Te tapas los ojos, y todos te tocan donde ellos quieran» hasta como en todos los juegos… Caes en una casilla que lo cambia todo, para todos los participantes.

El Playmobil rubio cae en la casilla «Elige a una chica. Ella manda». La astronauta es la chica elegida, y ésta decide que vayamos los 4 al sofá. Coge a Afri de la mano y se la sienta a su lado mientras ordena con la mirada que los chicos se arrodillen frente a ellas. Intercambiados de pareja, los chicos nos situamos en posición.

Con mi cabeza entera entre sus piernas, la astronauta levantó una de sus manos para situarla en mi nuca, presionándola contra ella. Consiguiendo respirar a duras penas, mi lengua pasaba por cada rincón de su sexo. Escuchaba gemir a las dos, y eso me encendía cada vez más. Introduje dos de mis dedos dentro de ella mientras seguía lamiéndola de arriba a abajo. No podía parar quieta, se retorcía como una lagartija. Mis dedos entraban y salían una y otra vez de ella y sus fluidos empezaban a caer sobre el sofá. Pasaron varios minutos hasta que llegamos a un punto que no pudimos más y decidimos continuar todos en nuestra habitación.

Afri se sentó en la orilla de la cama, justo en frente del duende. Le cogió la polla con su mano derecha y se la acercó a la boca. Apretando con fuerza sobre la base con dos de sus dedos, empezó a pasar su lengua lentamente por el capullo dibujando «eses» por todo el tronco hasta que se la empezó a meter poco a poco entera en la boca. El duende entornaba los ojos y levantaba la cabeza en señal de que le gustaba lo que le estaba pasando, mientras le marcaba el ritmo a Afri agarrándola de su pequeña coleta.

Mientras escuchaba alguna que otra arcada de fondo, yo tenía ante mi a una astronauta abierta de piernas, mirándome fijamente a los ojos. Mientras llevo mi mano hacia su nuca, rozo toda la palma en su mejilla y acerco mi cara hasta su cuello. La tiro ligeramente del pelo hacia abajo descubriendola el cuello. Le beso y muerdo sutilmente mientras con mi mano izquierda acaricio uno de sus muslos. Sigo bajando mi cabeza, mantenido su cabeza inclinada, y la lamo todo el pecho de arriba a abajo. Mis manos pasan sobre sus pechos, que las ocupaban completamente, pero dejando los pezones entre mis dedos, estrujándolos una y otra vez. Me los meto en la boca mientras mi lengua juega con ellos, llenándolos de saliva a la vez que levanto la mirada buscando la suya. Sigo bajando mientras mantenemos la mirada fija el uno en el otro, beso su ombligo… Y sigo bajando hasta su sexo totalmente depilado. Me agarra muy fuerte del pelo, colocando mi boca sobre su coño y presionándola contra él, como hizo mientras estábamos en el sofá. Mi lengua juega con su clítoris al ritmo que me va marcando hasta que tras soltar un gemido que seguramente se escuchó desde la calle. Acto seguido me separó de ella, y me tumbó boca arriba en la cama de un empujón. Se levanta y se sienta encima de mi polla cabalgando como una amazona, apoyando sus manos sobre mi cuello haciendo incluso que me faltase por momentos la respiración.

El tiempo pasaba, los cuerpos de todos se entrelazaban unos con otros. Todos estábamos con todos, no existían límites, era morbo y disfrute puro. En un momento dado, le susurro a la astronauta al oído… «Ven, siéntate en mi cara». Me tumbo y coloca su coño sobre mi boca y empiezo a recorrerlo con mi lengua lentamente. Noto que  una mano fuerte me sujeta la polla, era el duende haciéndome una paja mientras me comía el coño de su pareja. Se la mete en su boca y siento como su lengua juega con ella. La tenía durísima en ese momento, y debió de verlo ya que aprovechándose de esto me puso un preservativo y se sentó encima de ella. En ese momento, con un coño en la boca, y un culo follandome la polla, la cosa se puso aún mejor. Afri al ver la situación se situó frente a la astronauta y pude ver como con una de sus manos jugaba con los pechos de la chica, y con la otra buscaba un hueco entre mi boca y su clítoris para acariciarlo. Los pezones de la astronauta parecían que se saldrían de órbita en cualquier momento. Afri puso su cabeza entre las tetas de la chica, y la comía los pezones como un animal hambriento. Su lengua siguió recorriendo el cuerpo agitado de la astronauta hasta que por fin nuestras lenguas se juntaron en un coño lleno de una mezcla de fluidos y saliva que empapaban mi cara.

La excitación de los 4 se notaba en cada jadeo, en cada movimiento, en cada postura y en cada mirada. Afri se consiguió correr gracias a la boca de la astronauta. Yo acabé corriéndome dentro de un duende que le tenía a 4 patas sobre las cama. El duende de pie sobre la alfombra terminó con toda su leche en la boca de su pareja. Y la astronauta… Aún con semen en la comisura de los labios, de rodillas en el suelo y el rímel de los ojos totalmente difuminado… acabó empapando toda la alfombra debajo de ella.

Nuestra primera vez…

… Encamados con una pareja. Si, he dicho «encamados» porque escribir «follando» nada más empezar me parecía empezar demasiado fuerte, y subir el listón a partir de ahí sería complicado.

Encamados, si, pero… os estoy contando el final, y lo que vosotros queréis, pillines, es saber cómo empieza y como se llega a esa situación, ¿verdad? … Como si os conociera de toda la vida, ¡vamos!.

Pues… X, esta bendita red social, odiada y aclamada a partes iguales, esa vez cumplió bien su función y nos permitió conocer a una pareja maravillosa; les llamaremos Gloria y Guillermo.

Empezamos… como empiezan muchas historias… Que si tú publicas y yo te doy like… Que si yo público y me haces un comentario… Que te respondo de forma picarona… Y una cosa lleva a la otra… Y DM al canto. Hablando con ellos nos dimos cuenta que encajabamos muy bien. Tanto en las bromas con picaresca como en los gustos de los 4. Y nada, en menos de lo que se tarda en comerse una aceituna rellena de anchoas ya estábamos buscando un hotelito para hacerles una visita.

En el viaje hablabamos entre nosotros de los nerviosos que estábamos, de las cosas que podríamos o no hacer, de los límites que nos poníamos en diferentes situaciones… Y entre pensamiento y pensamiento… Algún suspiro de excitación surgía…

Llegamos a Burgos, nos pusimos lo más guapos que pudimos en el hotel y nos fuimos a cenar con ellos. Todo fue genial. Bromas.. gustos… Todo encajó a la perfección. Les propusimos ir a nuestro hotel… Y aceptaron.

Ya en la habitación nos empezamos a desnudar y empezamos cada uno con nuestra respectiva pareja, pero los 4 sobre la misma cama. Recuerdo estar junto a la cama de pie, Afri sentada en el borde metiéndose mi polla en la boca. Me agarraba fuerte el culo con sus manos mientras marcaba un ritmo no muy rápido… pero constante. A nuestro lado, Gloria estaba acostada en la cama, pies apoyados en el colchon y las rodillas arriba, insinuando, empezó a tocarse suavemente mientras Guillermo situaba su cabeza entre las piernas de Gloria.

Esas piernas se cerraron, dejando atrapada la cabeza de su marido entre ellas, seguro que la dejaba mover lo justo… y necesario… Su lengua lo debía estar haciendo maravillosamente por los gemidos que se empezaron a escuchar al lado nuestra. Mientras… nosotros seguíamos a lo nuestro, mis manos se posaban en la nuca de Afri, haciéndola sentir que necesitaba tener mi polla entera dentro de su garganta, y así lo hizo una y otra vez.

No paso mucho tiempo hasta que Afri se levantó, me dio un beso mientras me masturbaba con su mano, y me tiro sobre la cama de un empujón para continuar con la mamada. Está vez era una de esas leeeentas, notaba cada pasada de su lengua y la saliva escurrirse por mis huevos. Mire a mí derecha y Gloria seguía gimiendo y retorciéndose de placer. Guillermo no había sacado su cabeza de entre las piernas de su mujer en ningún momento. Yo estaba excitadísimo, y empecé a estrujar las tetas de Gloria mientras Afri seguía pasando su lengua por cada centimetro de mi polla.

Continuamos así varios minutos, hasta que vi a Guillermo coger un poco de aire. Le pedí que subiera donde mi, y aproveché para empezar a masturbarme. Tenía la polla durísima… Con mi pulgar empecé a jugar con su puntita mientras con los otros dedos hacia fuerza mientras le masturbaba. Su mujer se puso debajo de él y prácticamente delante de mi cara, mientras yo seguía masturbándome, le empezó a comer los huevos. Esa lengua jugaba con ellos como quería.

No paso mucho tiempo hasta que Afri decidió probar también la polla de Guillermo. Yo aproveché y decidí ir a probar aquello que Guillermo no quería dejar por nada del mundo… Así que nos encontramos con Afri de rodillas sobre la cama, chupándole la polla a Guillermo, y yo entre las piernas de Gloria.

Y con razón no quería dejarlo. El coño que estaba a punto de comerme tenía una pinta súper apetitosa. Rosadito… Depiladito… Y muy húmedo! Justo antes de empezar Gloria me advierte que suele mojar mucho… Y yo más que encantado! Pensaba para mí. Gloria me cogió la cabeza con fuerza y la estrujó la cara contra ella. Ese coño estaba buenísimo! Pensé yo… La escuchaba gemir… Y más excitado me ponía si cabe… Seguía apretando mi cabeza contra ella, sin apenas espacio para respirar, hasta que sentí como empezaba a brotar sus fluidos sobre mi cara, empapando tanto a mí… como a la cama.

Tras un rato jugando con Gloria, pensé que era buen momento para hacerlo ahora con Guillermo. Afri y yo nos intercambiamos. Afri no lo dudó… Y metió el hocico como cerdo buscando trufas… El sonido que hacían era puro morbo. Y yo… Pues más que entretenido con la polla de Guillermo, metiéndomela una y otra vez lo más al fondo que podia.

Os podéis imaginar el resto. Calor… Sudor flujos corporales… Que llenaron una pequeña habitación de hotel en Burgos y la cajita de experiencias que llevamos encima.

Fin

Una salida a Valladolid da para muchas cosas

Hace unas semanas nos fuimos unos días a Valladolid a conocer a un chico con el que llevábamos tonteando un tiempo por Telegram. Quedamos en una cafetería y estuvimos hablando durante un par de horas.

Estuvimos hablando de todo, de la vida, de sexo… Y aunque nos apetecía mucho acostarnos con él, y así se lo hicimos saber, nos rechazó. Continuamos hablando un rato más y nos despedimos. Cogimos el coche de vuelta a Cantabria, serían sobre las 7 de la tarde.

En ese viaje llevábamos mi coche pequeño, el de ir a trabajar que tenia más años que la tarara, sin aire acondicionado… Ventanillas bajadas… Un calor…. 🥵🥵
La cuestión es que entre el calor propio del ambiente, y del calentón que teníamos de habernos estado imaginando estar con este chico… Pues mientras conducía empecé a acariciar suavemente la pierna de Afri.

Llevaba un pantaloncito corto vaquero y un polo rosa sin mangas, y yo que la veía cayéndose esas gotitas pequeñas de sudor por el cuello… Y que cada vez que la miraba me la imaginaba chupándole la polla al chico de Valladolid, me puse cachondisimo. Las caricias en la pierna pasaron a estar metiendo la mano bajo su pantalón e ir retirando su braga poquito a poco. Ella cada vez más agitada, con la respiración más y más nerviosa.

Como vio que se me complicaba el poder tocarla más a fondo mientras conducía, se bajó el pantalón, se bajó la braga, reclinó el asiento, y empezó a masturbarse y a gemir. Siempre tiene que controlarse, pero esa vez en el coche explotó y se dejó llevar. Con su mano izquierda empezó a jugar con uno de sus pechos y a apretar el pezón que ya estaba super duro. Rara vez se le endurecen tan rápido. Y con la otra jugaba con su sexo. Yo la veía y escuchaba y me quería morir al no poder hacer nada, tenía que seguir conduciendo.

Mi pantalón parecía que estallaría en cualquier momento, me encantaba esa sensación de tener ese espectáculo delante y no poder participar como me gustaría.
Pasaron varios kilómetros así, ella masturbándose como hacia tiempo. Varios coches nos adelantaron y alguno me fijé que se quedó mirando. Seguro que se dieron cuenta. Se lo dije a Afri, y parecía que el saberlo la excitaba más. Se movía cada vez más rápido, y se retorcía en el asiento con sus manos muy bien ocupadas, hasta que finalmente gritó de esa forma que sabes que de manera inconfundible había llegado a uno de los orgasmos más intensos que se había proporcionado ella misma.

Tras sus 5 minutos de «ni me toques», volvió a recuperar su bragas, que ya ni estaban en su asiento y el pantalón apareció debajo del mío. Una vez vestida, me sonrió, suspiró y se quedó roque hasta llegar a casa. Y yo me quedé ahí, conduciendo un coche viejo, sin aire acondicionado y con los pantalones demasiado apretados…

El chico de la página de contactos

Todos tenemos un punto débil. Algo que nos hace temblar, dudar… pero en el sexo, y en las fantasías que tenemos, nuestro punto débil es lo que más nos excita, lo que más queremos y lo que mas buscamos. Es como si tuviésemos miedo de las serpientes, y buscáramos obsesivamente que nos muerdan, que nos inyecten ese veneno que quema por dentro, que acelera el corazón y nos hace sudar y subir la temperatura corporal.

En esta nueva entrada, después de tanto tiempo, quiero/queremos hablar de nuestro veneno, porque todos tenemos uno. El veneno que nos enciende y nos quema. Nuestro veneno adictivo y placentero que enciende nuestros instintos, voltea los ojos, y prende fuego a tus neuronas.

Llevábamos varios meses algo apáticos, con un trabajo que no te dejaba respirar ni fuera de él, con una casa que pedía atención constante en la que a cada momento aparecía un problema nuevo. Eso nos marcaba. Aunque el sexo seguía siendo bueno, muy bueno, necesitábamos algo más.

Me registré en una nueva web de contactos. Buscábamos a un chico bi, o hetero-curioso. Parece tarea fácil, pero no lo es. Preparamos el perfil, con su descripción clara y concisa, cuatro o cinco fotos que dejan entrever como somos físicamente y… a esperar. Como era previsible… un privado tras otro. Normal cuando se es un perfil nuevo. Y como era de esperar, uno tras otro era descartado. O muy mayor, o no había leído, o te intentaba engañar… hasta que una conversación nos llamó la atención. Educación, respeto, ideas claras…. sin especial erotismo pero transmitía seguridad. ¡Vamos a conocerle!

El café confirmó lo que creíamos y lo que demostró en el chat de esa web: persona seria y educada. Inteligente, divertido… y muy morboso. El café se convirtió en una invitación a la casa. Subimos los 3 a la habitación. Afri se sentó en la cama mientras (llamémosle Roberto) Roberto y yo, con nuestras manos, empezamos a sobar el paquete del uno y del otro hasta que la erección de los dos ya era mas que evidente Las camisetas sobraron en un instante, y acabaron en algún rincón del suelo que ya no recuerdo. Roberto era más alto que yo, pero me las arreglé para morderle el cuello y los hombros, bajé a la clavícula y continué hasta sus pezones ya erizados, mientras mi mano intentaba desabrochar el botón de un pantalón que empezaba a sobrar. Al bajárselo, las fotos que enseñaba en su perfil no engañaban, y aquel miembro que descubrió, era tal y como habíamos visto en ellas.

África seguía en la cama, viendo el movimiento de manos, besos y caricias que Roberto y yo estábamos orquestando. Sus ojos brillaban, sus dientes mordían su labio inferior y una de sus manos empezaba a desabrochar la blusa. Su ropa empezaba a sobrar también y acabó desnuda, de rodillas en la cama, viendo en primera fila como me situaba de rodillas en el suelo, frente a Roberto, cogía con una mano la base de su polla y con su glande al descubierto, me le introducía suavemente en mi boca húmeda llena de saliva. El sonido de la respiración de Afri se escuchaba mas alto que antes. Eso me encendía aún mas y me motivaba a seguir comiendo esa polla mas y mas. Intentaba comérmela entera, hasta la base, pero era tan grande que me daba una arcada. Con mis manos se la levanté y dejaron al descubierto unos huevos que no pude resistir metérmelos en la boca mientras le pajeaba ávidamente. En esa posición, de yo de rodillas, Afri en la cama viéndolo en primera persona y Roberto de pie frente a mi, avisó que se quería correr. Le agarré fuerte la polla con mi mano, y con ella bien prieta, seguí pajeándole hasta que no pudo aguantarse más, y se corrió sobre mi pecho. ¡Que sensación! esa leche caliente cayendo lentamente por mi mano y mi pecho. Era la primera vez que se corrían encima mío. Giré la cabeza y Afri dibujaba una sonrisa de oreja a oreja, había empezado a masturbarse y no me había dado cuenta.

Roberto y yo nos fuimos a lavar un poco. Mientras dejamos Afri sola en la habitación. Dentro de la ducha, y con el agua cayendo sobre nuestros cuerpos, Roberto se agachó y empezó a comérmela. Le agarré la cabeza con mi mano, quería tener mi polla entera dentro de su boca. Con su mano, agarró mi culo, le apretó bien fuerte y me llevó más y más hacia él. Tenía mi polla entera dentro de su garganta. Me encantaba esa sensación. Pero África nos descubrió, nos hizo salir a los dos de la ducha, y nos llevó de nuevo a la habitación. Ahora…. le tocaba a ella, pera esa… es otra historia.