Una salida a Valladolid da para muchas cosas

Hace unas semanas nos fuimos unos días a Valladolid a conocer a un chico con el que llevábamos tonteando un tiempo por Telegram. Quedamos en una cafetería y estuvimos hablando durante un par de horas.

Estuvimos hablando de todo, de la vida, de sexo… Y aunque nos apetecía mucho acostarnos con él, y así se lo hicimos saber, nos rechazó. Continuamos hablando un rato más y nos despedimos. Cogimos el coche de vuelta a Cantabria, serían sobre las 7 de la tarde.

En ese viaje llevábamos mi coche pequeño, el de ir a trabajar que tenia más años que la tarara, sin aire acondicionado… Ventanillas bajadas… Un calor…. 🥵🥵
La cuestión es que entre el calor propio del ambiente, y del calentón que teníamos de habernos estado imaginando estar con este chico… Pues mientras conducía empecé a acariciar suavemente la pierna de Afri.

Llevaba un pantaloncito corto vaquero y un polo rosa sin mangas, y yo que la veía cayéndose esas gotitas pequeñas de sudor por el cuello… Y que cada vez que la miraba me la imaginaba chupándole la polla al chico de Valladolid, me puse cachondisimo. Las caricias en la pierna pasaron a estar metiendo la mano bajo su pantalón e ir retirando su braga poquito a poco. Ella cada vez más agitada, con la respiración más y más nerviosa.

Como vio que se me complicaba el poder tocarla más a fondo mientras conducía, se bajó el pantalón, se bajó la braga, reclinó el asiento, y empezó a masturbarse y a gemir. Siempre tiene que controlarse, pero esa vez en el coche explotó y se dejó llevar. Con su mano izquierda empezó a jugar con uno de sus pechos y a apretar el pezón que ya estaba super duro. Rara vez se le endurecen tan rápido. Y con la otra jugaba con su sexo. Yo la veía y escuchaba y me quería morir al no poder hacer nada, tenía que seguir conduciendo.

Mi pantalón parecía que estallaría en cualquier momento, me encantaba esa sensación de tener ese espectáculo delante y no poder participar como me gustaría.
Pasaron varios kilómetros así, ella masturbándose como hacia tiempo. Varios coches nos adelantaron y alguno me fijé que se quedó mirando. Seguro que se dieron cuenta. Se lo dije a Afri, y parecía que el saberlo la excitaba más. Se movía cada vez más rápido, y se retorcía en el asiento con sus manos muy bien ocupadas, hasta que finalmente gritó de esa forma que sabes que de manera inconfundible había llegado a uno de los orgasmos más intensos que se había proporcionado ella misma.

Tras sus 5 minutos de «ni me toques», volvió a recuperar su bragas, que ya ni estaban en su asiento y el pantalón apareció debajo del mío. Una vez vestida, me sonrió, suspiró y se quedó roque hasta llegar a casa. Y yo me quedé ahí, conduciendo un coche viejo, sin aire acondicionado y con los pantalones demasiado apretados…

El chico de la página de contactos

Todos tenemos un punto débil. Algo que nos hace temblar, dudar… pero en el sexo, y en las fantasías que tenemos, nuestro punto débil es lo que más nos excita, lo que más queremos y lo que mas buscamos. Es como si tuviésemos miedo de las serpientes, y buscáramos obsesivamente que nos muerdan, que nos inyecten ese veneno que quema por dentro, que acelera el corazón y nos hace sudar y subir la temperatura corporal.

En esta nueva entrada, después de tanto tiempo, quiero/queremos hablar de nuestro veneno, porque todos tenemos uno. El veneno que nos enciende y nos quema. Nuestro veneno adictivo y placentero que enciende nuestros instintos, voltea los ojos, y prende fuego a tus neuronas.

Llevábamos varios meses algo apáticos, con un trabajo que no te dejaba respirar ni fuera de él, con una casa que pedía atención constante en la que a cada momento aparecía un problema nuevo. Eso nos marcaba. Aunque el sexo seguía siendo bueno, muy bueno, necesitábamos algo más.

Me registré en una nueva web de contactos. Buscábamos a un chico bi, o hetero-curioso. Parece tarea fácil, pero no lo es. Preparamos el perfil, con su descripción clara y concisa, cuatro o cinco fotos que dejan entrever como somos físicamente y… a esperar. Como era previsible… un privado tras otro. Normal cuando se es un perfil nuevo. Y como era de esperar, uno tras otro era descartado. O muy mayor, o no había leído, o te intentaba engañar… hasta que una conversación nos llamó la atención. Educación, respeto, ideas claras…. sin especial erotismo pero transmitía seguridad. ¡Vamos a conocerle!

El café confirmó lo que creíamos y lo que demostró en el chat de esa web: persona seria y educada. Inteligente, divertido… y muy morboso. El café se convirtió en una invitación a la casa. Subimos los 3 a la habitación. Afri se sentó en la cama mientras (llamémosle Roberto) Roberto y yo, con nuestras manos, empezamos a sobar el paquete del uno y del otro hasta que la erección de los dos ya era mas que evidente Las camisetas sobraron en un instante, y acabaron en algún rincón del suelo que ya no recuerdo. Roberto era más alto que yo, pero me las arreglé para morderle el cuello y los hombros, bajé a la clavícula y continué hasta sus pezones ya erizados, mientras mi mano intentaba desabrochar el botón de un pantalón que empezaba a sobrar. Al bajárselo, las fotos que enseñaba en su perfil no engañaban, y aquel miembro que descubrió, era tal y como habíamos visto en ellas.

África seguía en la cama, viendo el movimiento de manos, besos y caricias que Roberto y yo estábamos orquestando. Sus ojos brillaban, sus dientes mordían su labio inferior y una de sus manos empezaba a desabrochar la blusa. Su ropa empezaba a sobrar también y acabó desnuda, de rodillas en la cama, viendo en primera fila como me situaba de rodillas en el suelo, frente a Roberto, cogía con una mano la base de su polla y con su glande al descubierto, me le introducía suavemente en mi boca húmeda llena de saliva. El sonido de la respiración de Afri se escuchaba mas alto que antes. Eso me encendía aún mas y me motivaba a seguir comiendo esa polla mas y mas. Intentaba comérmela entera, hasta la base, pero era tan grande que me daba una arcada. Con mis manos se la levanté y dejaron al descubierto unos huevos que no pude resistir metérmelos en la boca mientras le pajeaba ávidamente. En esa posición, de yo de rodillas, Afri en la cama viéndolo en primera persona y Roberto de pie frente a mi, avisó que se quería correr. Le agarré fuerte la polla con mi mano, y con ella bien prieta, seguí pajeándole hasta que no pudo aguantarse más, y se corrió sobre mi pecho. ¡Que sensación! esa leche caliente cayendo lentamente por mi mano y mi pecho. Era la primera vez que se corrían encima mío. Giré la cabeza y Afri dibujaba una sonrisa de oreja a oreja, había empezado a masturbarse y no me había dado cuenta.

Roberto y yo nos fuimos a lavar un poco. Mientras dejamos Afri sola en la habitación. Dentro de la ducha, y con el agua cayendo sobre nuestros cuerpos, Roberto se agachó y empezó a comérmela. Le agarré la cabeza con mi mano, quería tener mi polla entera dentro de su boca. Con su mano, agarró mi culo, le apretó bien fuerte y me llevó más y más hacia él. Tenía mi polla entera dentro de su garganta. Me encantaba esa sensación. Pero África nos descubrió, nos hizo salir a los dos de la ducha, y nos llevó de nuevo a la habitación. Ahora…. le tocaba a ella, pera esa… es otra historia.