Madre mía!, madre mía!, madre mía!. Qué bien nos lo hemos pasado!. Acabamos de llegar como quien dice y aún estamos con la resaca.
¿Cómo era el dicho? Qué… ¿»La primavera la sangre altera»? Mis cojones! A nosotros darnos veranito que se nos da mejor.
Y es que no se que tendrá el calorcito de Vera, o que será, pero ha sido una semanuca llena de «tralari tralara»

Y es que nada… fue llegar el sábado por la tarde y ni piscina ni na’; metimos la maleta de la señorita pepis en casa y ni 2 minutos pasaron cuando nos encontramos tiraos en la cama.
Me puse sobre ella y empecé a comerle el cuello a besos. Agarré fuerte con mi mano su pequeña nuca, impidiendo que se escapara de mi lado. Mi boca pasó a su oreja, besándola y mordisqueándola, mientras ella notaba como mi respiración empezaba a acelerarse. Luego su nuca, los hombros, el pecho… todo su cuerpo fue víctima de mis labios.
La ropa sobraba ya. Me bajó los pantalones descubriendo mi pene totalmente erecto. Lo cogió en su mano y empezó a masturbarme mientras, con la cabeza mirando a la lámpara del techo, su lengua no paraba de entrelazarse con la mía.
La quité la blusa blanca que llevaba, el sujetador también cayó al suelo, y descubrí sus enormes pechos. La quité de jugar con mi pene para poner mi cara entre ellos mientras les apretaba con mis manos. Su respiración también se aceleraba, por lo que aproveché para bajarle el vaquero corto que llevaba y sus braguitas de encaje.
La tumbé en la cama, boca arriba, mis manos seguían entretenidas con sus pechos pero mi boca quería algo más. Continué con su ombligo y seguí bajando más hasta que me encontré su vagina inundada en fluidos. No tuve más remedio que sacar mi lengua y darle un lametón de abajo hacia arriba, provocándola que se retorciese encima de la cama mientras soltaba un gemido.
La agarré fuerte de la cintura, acercándola más si cabe a mi boca. Mi lengua se movía dentro de ella cual rabo de lagartija, provocando intencionadamente que sus fluidos resbalasen por mi barbilla.
La incorporé, sentándola al borde de la cama. La agarré de la coleta y, sabiendo lo que ocurriría ahora, abrió la boca, agarró fuerte mi pene con su mano y se la metió en la boca una y otra vez. Cuando la liberé la cabeza, empezó a masturbarme a mucha velocidad mientras posaba el pene en su lengua que estaba preparada como para recibir toda mi leche, pero justo cuando estaba a punto de echarlo, paró, me agarró fuerte de los huevos y me prohibió rotundamente hacerlo.
Tras esto se puso a cuatro patas sobre la cama. Me ofrecía su culo para que le llenase con mi pene duro y venoso. Mientras ella con su mano se tocaba lentamente el clítoris, metí mis dedos sobre su vagina, aprovechando sus flujos para lubricar bien su ano. Un dedo tras otro fueron entrando hasta que estuvo lo suficientemente dilatado. La agarré de la cintura, cogí mi pene con la otra, y poco a poco se la fui metiendo por su culito prieto.
Desde la primera embestida tuvo que coger una de las almohadas para ahogar los gemidos que emitía. Su mano se movía más y más rápido sobre su clítoris y vi como las sábanas cada vez estaban más mojadas. Ya con las dos manos en su cintura, la penetraba una y otra vez hasta que me pidió, con su voz ahogada por los gemidos, que la diese más fuerte. Al hacerlo, no pudo contenerse más y tras estremecerse todo su cuerpo, cayó agotada en la cama con una media sonrisa en la cara. Saqué mi pene de dentro de ella, y empecé a masturbarme hasta que me corrí sobre ese mismo culo, acabando mis fluidos en las sábanas, juntos a los suyos.
Y así es como se deben de estrenar las sábanas de un apartamento, lavándolas cuando acabas de entrar a él. ¿No es mala forma de empezar las vacaciones, verdad? Pues estar atentos a nuestras próximas publicaciones porque esto solo ha sido un aperitivo.
Un saludo chicuelos!

