Jovenzuelos salidorros

África y yo llevamos más de 15 años juntos. Casi 8 años de casados y saliendo desde el 2003. Ambos tenemos 32 años por lo que creo que es correcto decir que somos una pareja jovencita.

Cómo la mayoría de las parejas cuando son jóvenes, y más cuando estamos hablando de que teníamos 16 años, estábamos los dos más salidos que el pico de una plancha y había que aplacar esas ganas cómo se pudiese… y dónde se pudiese. Sobre todo esto último era especialmente importante. Con 16 años, sin coche, sin dinero, y con unas ganas de follar… dejémoslo en «considerable»… ¿dónde podiamos hacerlo? Pues pocas opciones quedan más que en la calle.

Esta me parece una buena introducción para poneros en contexto de una pequeña anécdota que queremos contaros.

Llevariamos 6-8 meses de relación cuando en un afán de satisfacción de esos arrebatos adolescentes decidimos magrearnos Afri y yo en el portal de casa de sus padres. Os pongo en situación: piso en pleno centro de Santander. De los antiguos, de esos que aún tienen portero con su cuartuco propio para recibir a la gente cuando entraba al edificio. Un entresuelo + 9 pisos con 4 puertas cada uno + un acceso al tejado. 2 ascensores, uno para 6 personas en la parte central del edificio y un montacargas en un lateral.

Entramos como si nada al portal, y nos sentamos en las escaleras que dan al entresuelo. El ascensor grande hacia que nadie pudiese vernos desde el portal, pero era inevitable que si alguien echaba un ojo por la mirilla de una puerta nos pudiesen pillar. Ella vestia una falda larga color verde y una camisa blanca ceñida que la marcaba muchísimo escote. Cómo he dicho, era inevitable el empezar a besarnos. Empezamos muy lentamente, saboreando cada rincón de sus labios y poco a poco empecé con su cuello. Ella me acariciaba el paquete por encima del pantalón y como es obvio, eso empezaba a crecer más y más. No nos vamos a engañar, Afri ha tenido y tienes unas tetas bastante grandes y siendo chico de 16 años… ¡Qué más quería yo! Pues a por ellas fui. Las empecé a acariciar por fuera de su camisa y poco a poco fui metiendo las manos por dentro del sostén…¡Qué maravilla! Unas tetas suaves… grandecitas… metí mi cabeza entre esas dos mellizas y empecé a comérme esos pezones bien duros. Ella empezaba a respirar cada vez más fuerte hasta que decidió bajarme la bragueta del pantalón, sacándomela y agarrándola bien fuerte. Y ahí estábamos… 2 chavales de 16 años en medio de un portal. Yo con la cabeza entre las tetas de África y ella con mi polla en su mano, masturbándome sin parar. Decidimos ir un paso más allá, la bajé las braguitas y decidí que era buen momento de sacar mi lengua a pasear. Primero deslicé mis dedos a su vagina, estaba muy mojada, y la metí un dedo hasta el fondo, moviéndome en círculos una y otra vez. Mi lengua ya estaba sobre su clítoris, saboreando ese jugo que no paraba de emanar. Ella se tumba completamente sobre las escaleras boca arriba para dejármelo más fácil. Yo continuaba jugando con mis manos y la lengua, pasaba una y otra vez, de abajo a arriba, suave, luego al clítoris solo con la punta de la lengua haciendo círculos.

Ya llevábamos unos minutos así cuando me tumbé junto a ella. Me empezó a masturbar más fuerte que antes, y mi mano no dejaba de jugar con su vagina húmeda y de repente paramos, nos tapamos, nos separamos el uno del otro y con voz avergonzada dijimos al unísono «hola, buenas tardes». Una señora habia salido de la puerta que estaba frente a nosotros. Nunca lo supimos, pero creo que es obvio pensar que nos dieron una pillada épica.

Desde ese día pensamos que quizá era mejor idea subir a la escalera que daba acceso al ático, que allí no subía nadie, y en otra ocasión lo hicimos… pero eso ya es otra historia.

Buenas noches chic@s. Espero que os guste. Besitoooos.